“Si te colocas bajo la sombra de un árbol, tu própia sombra desaparece… si te quedas quieto, no dejas huellas. Que harás?”. Chuang Tzu – Maestro y filósofo de la antigua China (siglo IV a. C.). 

Habíamos visitado los baños termales, habíamos visto las familias cociendo algunas ofrendas en los pequeños surtidores de agua caliente, y habíamos celebrado nuestra propia ceremonia en varios altares del templo de Yamunotri… debíamos volver, deshacer el camino para buscar dónde comer.

 

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Con la poca afluencia de visitantes, los restaurantes del pueblo estaban casi todos cerrados… encontramos un local con la terraza a medio montar, y a su propietario adormecido, recostado sobre el periódico. Cuando le dijimos que queríamos comer, se le iluminó el rostro!. La verdad es que nos preparó unas verduritas y una sopa buenísimas.

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Kharsali o Hadir (como lo llamában ellos) era nuestro siguiente destino andando. Un pueblecito al otro lado del río, frente a Janki chatti, dónde en lo más alto se intuía un templo, y dónde resistían algunas casas antiguas, con impresionantes relieves o grabados en madera.

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Sus ciudadanos, al principio muy reservados, nos observaban… hombres y niños, charlaban y jugaban en lo que parecía ser la plaza del pueblo. Las mujeres, pasaban ajetreadas con la vista baja… algunas se atrevían, y desde el balcón nos regalaban un tímido saludo; pero nunca, cesaban en sus labores.

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Nos acercamos a una abuelita que mecía a su nieto más pequeño, y le pedimos permiso para hacer una foto a esos ojos negros, grandes, enmarcados en kohl… y de repente, todos (hasta los más serios) querían ser retratados!!!. Momentazo divertido con los hombres!, a las mujeres no les interesaba nada el tema.

El kohl es un cosmético a base de galena molida y otros ingredientes, que se usa para oscurecer los párpados.

Usado tradicionalmente desde la Edad de Bronce (3500 a. C.), servía para proteger los ojos de la luz del sol, y contra otras dolencias. Las madres aplicaban kohl a los recién nacidos “para fortalecerlos”, y algunas creían que los protegía del mal de ojo. (wqpd).

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De vuelta a Janki Chatti, también pateamos por los empinados callejones de piedra; a ese pueblo sólo le quedaba esperar las primeras nieves. Nos empezó a seguir un niño… se le añadieron dos más! en la distancia, curiosos… en una esquina, decidimos gastarles una broma!… en cuanto nos vieron tan cerca, casi les da un pasmo ;) hihihihi… no les costó nada arrancarse, y aunque no hablábamos lo mismo, la mímica es universal!… se acercaron tres niñas más, encantadoras; nos enseñaron sus rincones favoritos, y donde pasaban las tardes jugando… el protocolo para entrar en el templo y llevar ofrendas a las piedras sagradas… nos señalaron sus casas…

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Cuando volvíamos, con el enjambre de niños súper excitados revoloteando a nuestro alrededor, el padre de uno de ellos, un agricultor que llegaba exhausto a casa, nos invitó a pasar y tomar un té!!! otro de los momentazos del día!!! la dureza del lugar no les ha mellado su amabilidad.

Acabó la tarde y volvimos al hotel… pasé la noche, más cerca del wáter que de mi cama! me hizo efecto el trago de agua bendita del templo…

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26 de Agosto… magullados!…

6:00 am. mi estómago seguía del revés, pero nos embarcamos igualmente, en el bus a Barkot.

Ya en camino, una última mirada al pequeño monasterio: impresionantemente alzado en medio de un barranco, blanco, brillando con la primera luz del día, banderolas al viento… nos quedaban horas y horas de trayecto… llegar a Bako no sería sencillo y deberíamos hacer noche en una ciudad completamente desconocida.

Carreteras de piedras… y más piedras, y más… y por fin, primera parada: Barkot (en la calle principal, la más empinada, hay servicios públicos y muchísimos mini restaurantes dónde tomar té y una buena tortilla). El siguiente bus, nos llevaría más lejos de lo que pensábamos: Arakot (pero la victoria era agridulce… los asientos eran cortos de piernas, y eso, nos podía destrozar el coxis!!!).

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Ya acoplados en nuestros asientos, el señor de al lado, el del gorro blanco de lana, tuvo curiosidad por saber a dónde íbamos y de dónde veníamos… pero su vocabulario se terminó, y ya solo decía que “el bus que nos llevaría finalmente hasta Rohru, venía detrás”… “venía detrás”… “venía detrás”.

Bajamos hechos un cuatro en un cruce, el otro bus “venía detrás”… dejamos las mochilas en el suelo, y me fui unos metros más abajo a comprar un par de aguas… pero cuando aún no había sacado ni el monedero, me vi semi-arrollada por ese, subía a toda leche, pitando como un poseso y levantando polvareda… – sí hombre… “ese que venía detrás”-.

– Es el bus! es el bus!!! ya les dije que venía detrás!!! que venía detráaaaaaaas!!!

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  • bus Janki Chati – Barkot = 70 NRI/pers. (6:15 h. a 8:15 h.)
  • bus Barkot – Purola =  (9:30 h. a 11:00 h.)
  • bus Purola – Mori = (11:30 h. a 13:00 h.)
  • bus Mori – Arakot = 170 NRI/pers. (13:00 h. a 15:30 h.)
  • bus Arakot – Rorhu = 42 NRI/pers. (15:31 h. a 17:00 h.)
  • New Palace hotel Rohru = 1.400 NRI/hab doble con A.C.
  • wifi = 30 NRI/1h.

Ahí, atravesamos el estado….

pasamos del tosco Uttarakhand, al fructífero Himachal Pradesh… o Apple Himachal tal como lo llamaban ellos. Extensiones de montañas, repletas, rebosantes de manzanas!!!

Llegamos al polvoriento Rohru, y quedamos un poco petrificados… muchos hombres, y muy pocas mujeres…

Intentamos hacernos entender… buscamos un alojamiento!; casi nadie entiende inglés y mucho menos lo hablan, pero al fin encontramos un lugar muy digno, limpio y con sábanas BLANCAS!!! sí, sí blancas!!!. Después salimos a buscar un wifi (otra misión semi-imposible!), pero Luuxmi nos encontró antes…

De repente, se nos acercó un chico con la ropa medio roída y una gran sonrisa, con una nota en la mano que decía:

– Hi, After this meal you are cordially invited for some sweetish. New Luuxmi sweets.

(era el mejor inglés que habíamos leído en días… ;)

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Ahí estaba el “business boy”, mirándonos con los ojos brillantes desde el mostrador de su recién pintada confitería esperando nuestra visita. Queríamos preguntar por una wifi y por un restaurante, pero a partir de ahí, nos convertimos en sus invitados de honor!!!. Hizo que uno de sus ajetreados pinches lavaplatos nos acompañara al otro lado de la calle, y pedirle al dueño que reabriera la lúgubre habitación (de no más de 5 m2) que sería el Cyber, para que pudiéramos conectarnos; se esperó con nosotros, y después nos devolvió a la confitería; nos ofrecieron unos refrescos mientras esperábamos a que Luuxmi acabara la jornada, y él mismo nos llevó al “restaurante” de un “amigo”…

Parecía… una disco; vendían alcohol, y se pusieron bastante finos de cerveza con Vodka. Estaba tan contento y emocionado que casi nos sube en brazos hasta la habitación!!! hahaha.

La siguiente jornada maratoniana en bus, os la cuento en el próximo post ;)

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