“Si pudiera contarlo con palabras, no me sería necesario cargar con la cámara”. Lewis Hine

22 de Agosto’15…

Amritsar, la ciudad del estado de Punjab, a sólo 27 km del límite con Pakistan.

La ciudad sagrada de los Sikhs, y la protectora del libro que escribieron los gurús.

Amritsar, la que posee el emblema de su religión, el Golden Temple; un lugar de peregrinación y celebración.

Allí habíamos llegado el día anterior en un bimotor de hélices; allí, en una pequeña tienda apostada en la esquina con un callejón de no más de tres metros de ancho, nos reímos mucho con el señor que nos enseñó la última moda en el Punjab (donde me compré un vistoso pañuelo para taparme la cabeza en el templo); allí, tuvimos nuestro primer contacto con la actividad del templo bajo una lluvia constante, que sin embargo, no desanimaba a los fieles en sus paseos… ahora tocaba buscar un buen sitio para cenar!!!

Justo delante de nuestro hotel encontramos un lugar popular entre turistas indios y extranjeros, limpio (por fuera por lo menos, porque la visita al lavabo cambió mi visión por completo… había como 2.000 personas trabajando en esa cocina negra de dos niveles, el calor era asfixiante, insoportable, y el baño… bueno, pues allí mismo, una puertecilla de chapa lo cerraba y punto… surrealista! pero la comida estaba buena, y no tuvimos “desarreglos intestinales” ;)

  • pañuelo en “Sarswati textiles” = 250 NRI
  • cena en el “Naalam’s” (veg-indian food, burger, pizza) = 237 NRI; phone: 0183-2532757; movile: 098760-22122
  • hotel Golden Castle = 700 NRI (hab. doble con AC); hotelgoldencastleamritsar@yahoo.com
  • 2 aguas = 2 x 20 NRI
  • rickshaw alrededor de la muralla = 30 NRI

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Amritsar: en el interior del templo.

Por la mañana, repetimos el ritual de la entrega del calzado “shoes toguether” en los cubículos de la entrada… por unas ventanas con repisa de madera, aparecen los entusiastas voluntarios, te piden los zapatos y desaparecen entre las interminables hileras de altos casilleros; en pocos segundos, reaparecen con una sonrisa en la boca y un número en la mano… allí reencontrarás tus zapatos a la salida.

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Después llega el ritual de purificación… es imprescindible lavarse los pies… unas fuentes se abren frente a las puertas, así que hay también es inevitable. Después, es posible que un guardia sikh (quizás del tamaño de un armario), os detenga amablemente y se asegure que conocéis las normas de conducta que deberéis respetar en el interior del templo. Y así… alcanzarás la gloria! cuando se abre la escalinata frente a ti, y te inunda la visión del patio blanco, brillando bajo los rayos de sol, y miles siluetas de colores andando en una misma dirección… una riada de gente es-pec-ta-cu-lar!.

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Cuando entramos, el Amrit Sarovar “estanque de néctar”, reflejaba los muros blancos y sus delicados detalles, en los baños matutinos de los que se purificaban. En el centro, el sancta-sanctórum y su cúpula de oro macizo; y rodeándolo, santuarios con nombres tan sugerentes como el “trono eterno” o monumentos como “el árbol que plantó uno de sus gurús”.

Más allá de la magnificencia del templo, el contínuo flujo de las familias alrededor del gran patio cuadrado es sin duda hipnótico, y relajante. Paseando, éramos una atracción muy exótica! creo que nos fotografiamos  con unas 200 familia! hahaha. A la sombra, por todos los rincones, sikhs descansando bajo sus turbantes perfectamente colocados, y es que la pulcritud, es uno de los valores que cultivan.

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Su fundador: el gurú Nanak (1469-1539), condenó entre otras cosas, la distinción por castas y la discriminación sexual o racial.

Los principios de un buen sikh: ayudar a los necesitados, ganarse la vida trabajando honestamente, luchar contra la opresión, tener siempre presente, creer y venerar en “la verdad” como único Diós, abandonar la superstición, defender la fe con el acero, y huir de los cinco impulsos malignos (lujuria, codicia, apego a los bienes materiales, ira y orgullo). Deben abandonar el tabaco, la carne y las relaciones sexuales con musulmanes.

La regla de las cinco “K”: Kesh (no cortar nunca su cabello), Kangha (llevar siempre un peine consigo), Kirpan (portar un sable o cuchillo), Kara (incluir en su vestuario una pulsera de acero) y Kachch (vestirse en todo momento con pantalones cortos, a modo de calzoncillos).

Los apellidos: los sikh varones deberán sustituir el apellido de su casta por el de Singh —león— y las mujeres por el de Kaur —princesa—.

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Teníamos que cumplir con la misión que habíamos contraído en Delhi de manos de nuestro conductor de Rickshaw, el que se aseguró que llegáramos a tiempo al tren del Aeropuerto… “TENÍAMOS QUE ENTREGAR SU PUYA, EN EL INTERIOR DEL SANCTA-SANCTÓRUM!”. Y así lo hicimos… todo muy folclórico! Iniciamos nuestro camino en la pasarela que alza sobre el lago, había cola, pero parecía que iba bastante rápido… después, cuando a penas habíamos recorrido 15 metros empezó “la misa”… que duró algo menos de una hora. Cuando nos volvimos a levantar, la cola volvía a avanzar hacia el cubículo. Unos pocos empujones, hasta que nos pudimos arrodillar apenas 1/2 segundo para pasar la puya bajo la barandilla dorada que rodeaba a los músicos que amenizaban las palabras sagradas.

La muestras de devoción en el lugar, eran algo abrumadoras.

Amritsar: alrededor del templo.

Alrededor del templo, la mañana se levanta perezosa, y los niños uniformados y recién peinados, se dirigían a la escuela. Los comercios abren tarde y es que la actividad y el frenesí nocturno, coches, buses, comida callejera, vendedores ambulantes, no se acaba hasta muy entrada la noche… así que no encontrábamos dónde poder desayunar. Al final, frente a una de las entradas más antiguas del templo, encontramos un hotel con terraza en el ático. Ideal!.

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  • comida y cena en el “Naalam’s” (veg-indian food, burger, pizza) = 317 NRI + 350 NRI
  • guardar el equipaje en el Hotel = 100 NRI
  • rickshaw a la estación de Tren = 30 NRI
  • agua 1 ltr en la estación = 15 NRI

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El enorme bazar en el interior de la muralla, el Katra Jaimal, parece no tener fin, y sus calles se dividen por sectores de artesanos. Ahora sí, todo el mundo había abierto… las amas de casa se afanaba en sus recados, y el trasiego por las calles  era desbordante… bicicletas, motos, y peatones en procesión… ropa, complementos, cintas para decorar, cordeles, flores, joyerías, bisutería, baratijas, chatarra, electrodomésticos, cestas, especias, platos preparados, informáticos, mecánicos, ufff!… y entre todos ellos, pequeños templos dónde se veneran árboles, figuras de barro, piedras, imágenes impresas, y todo tipo de gurús, quemando incienso e iluminándolo con pequeñitas lámparas de aceite!.

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Finalmente salimos por una de las 11 puertas… y volvimos a entrar por otra ;) … necesitábamos preparar la mochila para pasar la noche en el TREEEEEN!!!!

Amritsar: la estación y el tren.

Habíamos cenado y frente al hotel estaban apostados 30 moto-rickshaws… nos costó bastante subirnos a uno, ante los empujones de sus compañeros, y la “porra” de la policía, que les espoleaba golpeándoles el techo y amenazándoles para que no colapsaran la calle.

Nos llevó hasta la estación, faltaba una hora y media para que saliera nuestro coche-cama destino a Haridwar, y la espera fue bastante estresante. Atravesamos la reja verde desconchada de la estación y en la única taquilla abierta a esas horas… la típica “FILA ÍNDIA”… 10 o 12 personas, empujando y colándose, amontonadas sobre el pobre funcionario, que intentaba responder a todos a la vez. Nos mandan al andén nº1, hay un tren, pero no es el nuestro.

La gente desparramada por doquier, durmiendo, comiendo, esperando… también están los que piden, y los que cargan y tiran de las pesadas carretillas para abastecer los trenes… el calor no había aflojado en todo el día, y a esa hora, tampoco daba tregua. La mole mecánica convulsionó y empezó a deslizarse lentamente por los raíles… a algún despistado les costó alcanzar el último vagón, antes de que abandonara la estación.

Y quedaron las vías desnudas, mostrando toda la podredumbre y la comunidad de ratas gigantes que la reinaba; no por mucho tiempo, nuestro hotel con ruedas entraba en el andén a los 10 minutos.

  • mira = en los listados enganchados junto a las puertas
  • busca tu nombre = para encontrar el número de vagón y asiento
  • nº de vagón = hay unos números grandes sobre las puertas
  • nº de asiento = hay unas chapas numeradas atornilladas sobre estos
  • si estabas en lista de espera y no tienes asiento = necesitarás paciencia ;)

Nos habían asignado UN SOLO ASIENTO para pasar la noche LOS DOS. En esos 50 cm de camilla, no había modo alguno de acomodarnos para dormir… y las pocas ganas de ayudar del revisor, no nos animaron mucho. Así que, a las 12 de la noche, cuando ya nos habíamos puesto el pijama y nuestros compañeros de vagón empezaban a retozar, tomamos una cama del tercer piso que había estado libre todo el rato. Por suerte, nadie vino a reclamarla!!!

El tren nocturno nos llevará hasta el estado de Uttarakhand, hacia otro centro espiritual… Haridwar una de las mecas del Hinduismo.

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