“Para educar al hombre a ver de una manera nueva, uno debe mostrarle objetos cotidianos desde perspectivas insólitas y en situaciones inesperadas”. Mijáilovich Ródchenko.

Como comentaba en el anterior post… empezó nuestra aventura motera, por el Sudeste del país, casi en la frontera con Guinea-Conakry. 

Llegamos a Kedougou, la capital, de noche!!!. Cuando amaneció, y desde la terraza del Dar Salam, la vimos desparramada sobre una sábana verde, única carretera de asfalto la partía por la mitad y sus bifurcaciones fangosas no se parecían en nada a una capital. Allí dejaríamos nuestras mochilas, y emprenderíamos un viaje de 6 días por las zonas más remotas del país, con lo puesto y cuatro cosas más.

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Antes de marcharnos daremos una vuelta a la mezquita azul que se alza polvorienta en medio del tráfico, y el mercado más solitario que hemos visto en nuestras vidas… los puestecitos son tan pequeños, que a penas sí pueden exponer 4 tomates blancos, 3 guindillas de palmo y medio! y 2 berenjenas de 10 centímetros :P  Otros, tienen colgadas bolas de jabón artesano o un enorme bloque de jabón industrial… y en las de condimentos exponen nueces de cola, alguna ramita de menta y a lo máximo, 2 bolsitas de 50 gramos de sal. Con la pasta pasa lo mismo, se compra en bolsitas de 50 gramos… para vivir al día!. 

Preparamos las motos (yo iré de paquete y Óscar se aventurará solo)… pero los vehículos… bueno (aquí las cosas funcionan distinto a lo que estamos acostumbrados)… que el cambio de marchas sea a pedal, tiene pase… pero que al pedal tengas que maltratarlo para que se mueva, la cosa se complica… me parece que las agujetas estan aseguradas. Los amigos de Bouba hicieron una porra (lo supimos más tarde ;):

– El Toubab, no va a llegar ni al primer pueblo!

– Como que no!?!?!?!…

Mi “macho”, llegó como un campeón a todas partes!!!… hihihi.

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País Basari. Se llama así porque una de las etnias más distintivas de la zona, es la Basari. Comparten la zona con los Bedik.

Ambas etnias, son reconocidos por sus rituales y las distintas costumbres que las de los pueblos que los rodean, las creencias de base.

Los rituales animistas de estas tribus son espectaculares. Las máscaras, los rituales de iniciación, la arquitectura de los pueblos, los fetiches, sus vestuarios y otros muchos detalles, hacen que la visita provoque una explosión de curiosidad.

Destino? Dindefello.

El primer contacto con las motos, bién! La carretera bién, apenas teníamos que cambiar de marcha… sólo debíamos tener cuidado con los pick-up que llegaban por detrás o de frente a toda velocidad, los ciclistas que cargaban leña por el arcén, los motoristas que trensportaban la familia, y alguna que otra cabra que se cruzaba en nuestro camino. Para cada vehículo que nos cruzábamos, eramos un motivo más que suficiente para tocar la bocina:

– Tubabs moteros!!! moc, moooooc!!!

Llegamos cuando estaba oscureciendo… justo a tiempo para una refrescante ducha al aire libre y una buena charla a la luz de las velas.

  • Dormir: Dogon Campament (6.000 xof/hab.doble con ducha exterior).
  • Cabañas limpias y bonitas! La ducha, con vistas al macizo de Dande.
  • Comida y cena: entre 1.000 y 1.500 xof/plato con bebida.
  • Excursión a Dande (sobre las montañas) y a las cascadas.

Por la mañana, emprendimos la subida a Dande con mucho calor! arriba, un pequeño conjunto de casas circulares con techos de paja repartidas en las parcelitas de maiz y mijo, nos daba la bienvenida, pero nadie más… todo el mundo había salido a cosechar, el tiempo de siembra no perdona. Una vuelta al pueblo, pero allí no quedaba ni un alma!

El camino de bajada estaba más protegido del ardiente sol. Millones de hojas agujereadas dejaban pasar finos rayos, que titilaban por nuestros pies. Andamos sintiendo la vibración profunda del agua, y de repente, esa pared vertical, imponente, dejando caer mágicamente una cortina de gotas iluminadas sobre una balsa verde turquesa… era como ver los rayos del sol convertidos en lluvia.

 

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Estratificaciones de piedra perfectamente alineadas, rígidas y frías… y en sus ranuras como balcones, meciendose húmedos, suaves brotes verdes.

Aunque pasamos muchísimo calor durante la excursión (en general… pasamos muchísimo calor en todo el Sur del país!!!…), de verdad valió mucho la pena! no esperábamos encontrar unas cascadas tan preciosas. No encontramos ni un solo turista en nuestro camino, y al llegar, allí solo había un par de jóvenes acaramelados a los que aguamos la fiesta ;)

Depués de una buena comida en el hotel, recogimos las mochilas más guarras de la historia! y nos lanzamos otra vez a la carretera para llegar a…

Destino? Bandafassi.

En el campamento “oficial” (el que sale en la Lonely ;) nos enseñaron una habitación cochambrosa y cutre, y nos pedían por ella más que la del Hotel Dar Salam!. Nos fuimos por patas y tuvimos bastante suerte al encontrar el nuevísimo “Village Comunitaire BandaFassi“, un camp junto a la carretera.

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Recibieron fondos de cooperación Española, y tenían que haber inaugurado en Abril… pero era un auténtico desastre. Allí encontramos el “savoir faire” del típico corrupto que cree que está por encima de los demás… el encargado “subidillo” de hotel, vivía a cuerpo de rey en la gran sala comedor de las instalaciones, con la tele a todo trapo, y dos chicas que limpiaban y hacían la comida para él; su disculpa no fue más que, aún faltaban algunas pequeñas obras por terminar… aunque la calidad de lo que estaba ya realizado, dejaba mucho que desear (lo típico del rápido y mal), y se empezaban a intuir un deterioro implacable por la falta de uso que pronto tendrían que remodelar.

Atenuaba ese desastre, el buen humor y la acogida divertida y risueña de las dos chicas (cocinera y ayudante, mano a mano, curiosas por saber como habíamos llegado hasta allí) y el ímpetu del guarda de noche; que también se acercó a saludar y nos espetó un:

– Si tenéis que salir de la habitación, debéis avisarme. Yo soy el guarda, el que vela por vuestra seguridad.

Se veía que el hombre se lo tomaba muy en serio, y no se despegó de nuestra sombra hasta que estuvimos ya tapaditos en la cama bajo el precioso techo cónico, tejido con cañas al estilo Bedick…

Destino? Etiowar.

Por la mañana nos levantamos temprano para volver a subir otra montaña hacia el pueblo Bedick de Etiowar… Bouba, se hacía el cansado… subir montañas, o simplemente andar le daba “palo”…
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Además… arriba, tampoco encontramos a nadie; otra vez el pueblo entero, se había marchado a cultivar… todos menos la abuela. Cuando llegamos se desató una tormenta impresionante, y la señora nos invitó a protegernos en su casa. Unos cuantos cuencos para cocinar, dos perchas, una cama de cañas y un pequeñísimo taburete decoraban la planta circular.

Cuando el viento soplaba fuerte, cogió un bote con una sustancia cremosa dentro, y se la frotó con energía por los brazos… para hacerse pasar el frío dijo. Le pregunté más, y descubrí que las mujeres del pueblo de Bandafassi tienen una pequeña cooperativa, para producir KARITÉ NATURAL!!! la crema corporal natural, más genial que he probado nunca!!!… sin más: nueces de karité machacadas, hechas pasta, tamizadas, filtradas y listo.

Me compré un litro (a la vuelta, lo repartí en unas pequeñas calabazas de agua, y ha sido mi regalo viajero para hermanas y amigas!).

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En la próxima entrada…. realizaremos más kilómetros por esta tierra recóndita de Senegal!!!.

Salut i viatges!