Solentiname, fue un destacado centro ceremonial precolombino… con 36 islotes, su nombre proviene del náhuatl “celentinametl”, que significa “lugar de huéspedes”.

Como buenos nicas, los habitantes de las islas son hospitalarios y generosos. No sólo podremos probar algunas delicias culinarias típicas, como rondón de pescado con leche de coco o el gallopinto con aguacate, sino que podremos disfrutar de una enorme producción artística. Solentiname es la cuna del llamado “arte primitivista”, pinturas al óleo y tallas en madera de balsa, de simplicidad exquisita en las formas y de intenso colorido!.

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Inspirado en las pinturas de Solentiname.

En 1966, Ernesto Cardenal, llegó a esta comunidad recién ordenado sacerdote; observó que los guacales de jícaro que usaban para tomar agua, tenían dibujos de la flora y fauna que las familias pintaban con mucho esmero. A raíz de este descubrimiento, el padre, invitó al pintor Róger Pérez de la Rocha a conocer a los artistas y apoyarlos para que plasmaran la belleza del lugar, como lo venían haciendo desde sus ancestros.

Eran años de revolución en Nicaragua. En diferentes puntos del país grupos de hombres armados se habían levantado contra el yugo de Anastasio Somoza. Ernesto Cardenal, aposentado en el archipiélago, tenía numerosos vínculos con los guerrilleros, y la comunidad de Solentiname no tardó en convertirse en una célula de los sandinistas.

En 1977 el FSLN se lanzó a la ofensiva final. Su meta era conseguir la caída de Somoza y establecer una sociedad igualitaria. En octubre, los muchachos y muchachas de Solentiname decidieron aportar su granito de arena a la revolución; sobre sus embarcaciones de madera pusieron rumbo a San Carlos y asaltaron el cuartel militar.

Pocos días después, la Guardia Nacional desembarcaba en las islas, y los asesinaron.   

Pero aún se puede disfrutar de la agradable compañía de los isleños y de sus charlas.