Nuestra recompensa debería encontrarse en el esfuerzo y no en el resultado. Mahatma Gandhi

Para desayunar y salir con fuerzas (entre fotografías y abrazos), la anfitriona nos preparó unos buenos tazones de “Chapo”… un puré a base de plátano maduro machacado y hervido; puro hidrato de carbono, glucosas y vitaminas.

Aún así, el retorno fue más duro que la ída! (si cabe!)

Para empezar, dejamos a media plantilla en el poblado matsés… volvieron con nosotros por el río, César el jefe matsés, su esposa y dos mini-princesas morenas de pelo lacio y ojos profundamente oscuros, de 4 y 7 años!… después, en el treck, sólo quedaríamos 4: César (nuestro guía y amigo), Obed (su sobrino y gran chico) y nosotros.

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Problema nº1: palos.

Aunque eramos menos pasajeros y mucha menos carga, la navegación no fue fácil… en un solo día, el nivel del agua del Loboyacu había bajado 1 metro; las lluvias eran muy escasas y hacían estragos en la zona… los “palos” estaban más al descubierto que nunca, grises, desgastados y agrietados, como grandes esqueletos embarrancados en medio de la corriente; además teníamos que sortear los bancos de arena.

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Durante las 4 primeras horas, había mucha luz y saltando por encima de los palos o pasando por debajo, las tarántulas, hormigas o gusanos, se distinguían a la perfección; pero a medida que avanzábamos, la noche se cerraba, y la maraña de ramas se hacía más espesa.

Aún así, nuestras pequeñas acompañantes no se angustiaron. Allí estaban, tranquilas, jugando con su mamá, jugando a las palmitas, cantando, cogiendo hojas de las ramas que colgaban más cerca.

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A las 8 de la tarde llegábamos al campamento… pero no dormiríamos allí. Ohhh!!! únicamente cenamos un poco de majaz y seguimos la tortura hasta las 11:30 de la noche! embarrancábamos cada 10 metros… desvariábamos por el cansancio y cada situación nos parecía más cómica que la anterior…

  • En una de las ocasiones, César bajó a cortar un tronco a hachazo limpio; descalzo, medio desnudo, con los ojos desorbitados… la mezcla entre tarzán y el carnicero de Milwaukee nos hizo estallar en carcajadas, le menguó las fuerzas, se meaba de la risa  ;)
  • En uno de los 4.000 chapuzones que César se dió para catapultar el bote hacia adelante, este se quedó atrás… de pie en el tronco mientras maniobrábamos como podíamos para volver a buscarlo, oímos como se revolvía nervioso:

– Rápido, volved a por mi… estoy notando los pequeños calambres de una anguila acercándose!!! bufff! bufff! bufff!

Evidentemente, llegamos al campamento y caímos rebentados!. A la mañana siguiente salimos a las 7:00…

Problema nº2: infecciones.

No todo era cansancio, esfuerzo, empujar el bote, sortear las ramas y aguantar calor… también tuvimos varias alegrías antes de llegar las 10:30h a tierra firme:

  • Avistamos un grupito de 4 nutrias, o “lobos marinos” (como los llaman en el Amazonas)… no sabían si quedarse a observar, o marcharse a toda prisa, playa arriba hacia sus madrigueras!
  • Luego nos cruzamos con los delfines rosados, curioseaban… aprovechamos la ocasión para bañarnos (los delfines son territoriales, la presencia de otros depredadores como caimanes, nutrias, o pirañas, era improbable cerca de ellos).

Durante la travesía, la mamá matsés me enseñó las heridas que la pequeña tenía en la oreja. No tengo ninguna formación en infecciones, pero por lo que a ellos respecta, todos somos médicos y nuestros botiquines son como un salvavidas.

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Palito de madera afilado y jabón en mano, empecé a limpiar esas pústulas, y lo rematé con una buena untada de betadine! quité todo lo que pude, espero que se le curara bién! (un besito!).

Ellas nos acompañaban, porque en el viaje de vuelta visitarían algún pariente, y podrían cazar alguna que otra pieza para la celebración del “encuentro matsés” que os conté en la anterior entrada.

“En un territorio aparente desierto, a dos horas de marcha de la casa (aún espacio doméstico, o Chirta), es dónde retozan mujeres y niños; bajo este aire vienen a recolectar la miel silvestre, a levantar los frutos de estación, o pescar con raíces venenosas en los torrentes”. del libro “Las lánzas del Crepúsculo”.

Problema nº3: sin agua.

Nos despedimos de nuestra familia matsés con los ojos húmedos, y empezamos a andar a las 11 de la mañana… y sí, sí… nos habíamos quedado sin agua!!!… que no cunda el pánico!!!

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Durante la ída, habíamos escondido algunas cajas para evitar acarrear tanto peso… pero aún quedaban unas horas de camino para llegar a la primera; en el bote, habíamos acabado con las existencias de la vuelta y únicamente nos quedaban 2 botellines de agua hervida y sazonada con jugo de “Cocona” (vamos, lo que sería un Isostar casero!) que también nos duraron un suspiro… hacía más calor que en días anteriores!

El agua hervida no nos dió problemas intestinales, únicamente sed!!! me hubiera bebido todas las existencias del Perú… y más sed… y más…

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No se acabó aquí el episodio… como ya conocíamos el camino ;)  me lo tomé con más humor! íba muy ligera y me animaba aún más en las bajadas (claro que, Obed con sus 16 añitos, trotaba, cargando con el súper-petate); hasta que la combinación, humedad 100%, sudor y sed se resolvió en… golpe de calor.

Me mareé y me quedé blanca, pero teníamos que avanzar, y cada vez que César encontraba un riachuelo, llenaba su tetera para echarnos ese agua fresquita por la nuca y la cabeza. :O  Nos salvó!

Problema nº4: sin equilibrio

A pesar de las adversidades seguimos hasta las 8 de la tarde… 2 horas en plena oscuridad, viendo ojitos de araña multicolores a nuestro alrededor. Después de tal jornada… un chapozón nocturno era lo que más deseábamos en la vida!

Bajó César a comprovar como estaba la playita junto al campamento… el agua corria (buena señal!), no había caimanes (buena señal!), no había mosquitos! (buena señal!), un tronco haría de pasarela, y desde el extremo nos podríamos hechar agua a cazos.

– Chicos! ya podéis bajar!

Neceser y toalla en mano, nos encaminamos hacia abajo… uno, dos troncos…

– Ui! Òscar, Obed… tener cuidado con este segundo que se mueve un poco…

Zas! paso en falso! y resbalón descomunal!!!… César me enfocaba desde abajo, Òscar desde arriba, me caí hacia atrás como un saco de patatas, lo vieron muy bien!… no podía agarrarme a nada (es curioso como en la caída todo pasa a cámara lenta)… sólo pensava…

– Por favor! que no me abra la cabeza! Por favor que no me rompa nada importante… aún nos queda una jornada andando!!!

Hasta que un tronco enorme chocó contra mis dorsales, me paró, me dejó sin respiración! El accidente, a parte de dejarme magullada, no tuvo más consecuencias… pero los chicos se habían quedado blancos  :O

Problema nº5: sin cerebro

Nos esperaba la última caminata… la que empezaría a las 6 de la mañana y que se alargaría hasta las 2 de la tarde.

Para evitar volver a sufrir un golpe de calor, “pensé” que unos calcetines bajos me iría mejor… lo que no “pensé”, es que el roce de las chirucas, me abrirían unas enormes llagas que me hincharían los pies como “butiffares”, tardarían en secarse, 3 días enteros! y me harían una crosta que tardaría casi 15 días más en caer!!!

Problema nº6: sin pantalones

Ya llegábamos; exhaustos, agotados, magullados… Obed adelantó la marcha (para llamar al transporte que nos llevaría desde el linde de la selva hasta Requena).

Durente el último tramo, había un par de bifurcaciones que podrían haber dado lugar a confusión, pero Obed muy atento, había dejado unos pedazos de pantalón indicando la dirección correcta… unos tejanos que se habían ido desintegrando durante el viaje; entre el calor, las rozaduras, los chapuzones y los tirones del propietario… claro!

Ya llegábamos; pero no había señales de él. Lloviznaba y nos acercábamos al punto de encuentro con la convicción que tendríamos que seguir el camino un buen rato! César, también muy cansado, empezaba a impacientarse!

– Dónde estará el chaval!?

Y allí al lado del camino, encontramos el resto de los pantalones de Obed!… escribió con un carboncillo el siguiente mensaje:

– Tío, tu móbil se quedó sin bateria. He ído al pueblo a buscar un motocarro. Cuidense. Esperen ahí.

Sin pantalones!!! Me encantan estos recursos naturales, sin complejos! libres! Sí, sí! ni corto ni perezoso, abrió sus pantalones, aprobechó unos hierbajos quemados para utilizarlos a modo de lápiz, y se fue con el enorme petate naranja a cuestas!. Encontró junto al camino, una mujer que cultivaba su chacra y tenía una bicicleta. Le propuso dejar el petate a cambio que se la prestara, prometiendo devolvérsela lo antes posible!!! (un tío en calzoncillos!!!) jajaja

No os parece increíble!!! jajaja… cada vez que pienso la cara que devió poner la mujer al verlo allí… jajaja

Llegamos destrozados per contentos!

En el proximo post, tendremos que despedirnos de nuestra familia Peruana!   :(

Precio total exursión Matses.- 360 $/6 días.

La aventura podrá ser loca, pero el aventurero ha de ser cuerdo. Gilbert Keith Chesterton.