Por el rebentón que tuvimos a medio camino de Hsipaw, pasamos la noche en Hot Spring, un pueblecito de media docena de casas, y un tesoro… unos baños de aguas termales!

  • Baños: A las afueras del pueblo, junto a los arrozales. El recinto cuenta con 4 balsas, por dónde circula el agua caliente.

De noche, en remojo, 1.000.000 de estrellas en el cielo, y 1.000.000 de destellos sobre los arrozales… las luciérnagas, bailaban, aparecían y se perdían, nos acompañaban y transformaron ese momento, en mágico!… risas, zambullidas y relax.

Por la mañana, fuimos a pie hasta el taller destartalado de la carretera… ¿recambios!?! (já!!!), nada se cambia en Myanmar…. se saca, se arregla y se vuelve a poner en su sitio para que dure 20 años más!

Pudimos visitar Hsipaw, el mercado central, el palacete haw sao pha, el puente y el santuario dedicado a los Nat Shrine.

  • Hospedaje: en una casa particular de Hot Spring, 4.000 ky.
  • Arreglar la rueda: taller a pié de carretera, 3.000 ky.
  • Gasolina: una botella de cristal, de las que estan expuestas sobre estantes de madera, 4.000 ky.
  • Comer: junto a la estación de tren, en Kyaukme, 3.300 ky.

Nos despedimos de ese gran hombre, y volvimos al tren! La próxima parada, Mandalay, esa tierra estéril abandonada y olvidada, recuperar las mochilas y coger el ferry hasta Bagan…

Otra salida a las 4:30 h de la mañana… es que nunca se levantan a una hora normal?

La llegada y la organización en el ferry nos dejaron un regusto amargo. Primer piso gallinas, ganado, fruta y verdura; Segundo piso pasajeros… mientras iban colocando a los 10 turistas en ámplias sillas de plástico (las encaran hacia las colinas de Sagaing, y los turistas estan obligados a tomar esos asientos para disfrutar del paisaje), el resto de los pasajeros se apretujaban como sardinas para pasar 14 horas río abajo hasta Bagan.

Tras las tres primeras horas de nervios, la cosa se fue suavizando… a medida que atracábamos en los pueblecitos de la orilla, entraban los vendedores ambulantes y salían los pasajeros que habían llegado a su destino, se descargaba la mercancía a mano por unos tablones de no más de 20 cm de ancho, y la gente charlaba animadamente!. A las orillas del Ayeyarwady se sucedían las escenas cotidianas, los canastos repletos, carros de bueyes, chicas de pelo negro brillante y largo, pescadores, la tormenta, cargueros, familias… muy entretenido, la verdad!

  • Transporte: Barco leeeeeento 6$/pers;  Trick.Shaw 3.000 ky;  Calesa de caballos 10.000 ky/día.
  • Comer: Desayuno en el barco 1.500 ky (dos tes con leche y dulces).

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Llegamos a Bagan cuando ya estaba anocheciendo! esa antigua ciudad de reyes, la más antigua de lo que fue la próspera Myanmar ahora convertida en un desierto… gente desplazada por el actual gobierno, para crear la ilusión al turista de ser el único que pisa los templos sagrados, la ilusión tornada en barro, cenizas y templos majestuosos semiladeados.

  • “Bajo el dragón”; el libro tiene un capítulo dónde se explica como sus habitantes, fueron expulsados del lugar.

Pasamos dos días, entrando y saliendo de cámaras con estucos, frescos, grandes budas sentados, reclinados, estirados, y haciendo el pino puente! subiendo y bajando por empinadas escaleritas, galerias, pisando caca de murciélago, descalzos por el terrazo, sintiendo el calor del sol bajo los pies, en cornisas contemplando la inmensidad de la llanura, bajo arcos y puertas, todos decorados.

Los trabajos en la piedra son muy delicados y minuciosos!

Llegó la hora de volver hacia Yangón, en autobús!… esta vez tocaron sermones radiofónicos a toda castaña (17 horas)! pero a medio camino… la lluvia cortó la “carretera”. Parecía que nos  hubiéramos detenido por nada, pero de repente, se formó una riada de unos 100 metros frente a nosotros, impresionante! las aguas empezaron a remitir hacia las 3 horas, y un eficiente dispositivo formado por 5 hombres y un tractor, remolcaron nuestro vehículo hasta la otra orilla. Una excitante aventura!

Espero que hayáis disfrutado mucho!

En el próximo post toca, balance de Myanmar!