La mañana empezó con una cuesta, pero hacía un día espléndido, ya nos lo auguró Kyauk después de desayunar el Eijaquí y las bananas fritas endulzadas. A medida que pasaban las horas, el sol apretaba más y más, y la crema solar, ya no daba abasto!.

Pasamos por una escuela, pasamos por un bosque de bambú, por llanuras y colinas, por arrrozales y maizales… todo icreiblemente verde. Comimos en la casa de una pareja muy peculiar (a nuestros ojos… claro!) en Paw Kè, una pareja acordada por las familias respectivas. Él, un hombre rico (tenía un reloj en la sala principal) y mayor que ella; Ella, una joven guapa, de tez canela que decoraba delicadamente con crema de Tanaca y de cabellos largos hasta la cintura, negros y  peinados a un lado.

  • Taung Yoo: Una de las etnias del estado Shan (aquí, la nº117).

Por la tarde, las nubes empezaron a crecer rápidamente, y se desató el diluvio… una tormenta tropical de grandes dimensiones!. Nos pusimos el chubasquero, pero la humedad era irresistible, así que mejor andar bajo la lluvia.

Hti Thein (el monasterio) está en lo alto de una colina, es un recinto fantástico, de estructura de madera rematada con  10 niveles de tejado rojizo de chapa… bajo el aguacero, el estruendo era enorme, pero a la vez, había como un ambiente sosegado.

Nos recibió el sayadaw (el abad) una vez acabada la clase de corrección y repaso de las lecturas de los pequeños monjes. Las trágicas noticias del debastador ciclón Nargis, que un sábado de Mayo había azotado el sureste asiático con vientos de hasta 193 km/h, fué el primer tema que le interesó conocer esa tarde… le habíamos traído la portada de “la Vanguardia” para mostrar como de escuetas llegaban las noticias al extranjero.

Cayó la noche entre estrellas y luciérnagas, después de una ducha fría bombeando con fuerza junto a la balsa del monasterio; lo más divertido iba a ser… lo lejos que estaban las letrinas!!! (en forma de monasterio en miniatura) y las arañas que moraban en ellas!!!… A las 4 de la mañana empezaron los mantras (unos cantos parecicos a estos), que personalmente, encontré muy relajantes.

Al día siguiente me calcé unas Gore-Tex caseras… una bolsa de plástico y las botas de lona que me había comprado en la estación; llovía a cántaros y el barro lo inundaba todo. Esa misma mañana alcanzaríamos Indein, en el Lago Inle.

Os lo contamos en la próxima  ;)