Nos pusimos en marcha, pronto! enfilamos por un caminito de barro hacia las montañas junto a nuestro guía Jimmi (su hermana se presentó, el día anterior, en cuanto bajamos del colectivo).

  • Hospedaje: Eastern Hotel (hab. matrimonial,  10$); un trato excelente. Reservas de hoteles, aquí.
  • Otros datos de interés: aquí

Lo primero que visitamos, muy cerca de Kalaw, fue el monasterio excavado en la roca de  Shwe Oo Min Paya (mucho más pequeña que la de Pindaya), que datan de hace 300 años. Tienen una decoración espectacularmente recargada, todo en dorado y en colorines brillantes, ofrendas de flores, jarrones y jarroncitos, e inscripciones negro sobre blanco. Lo más fascinante, son aquellos círculos o anillos luminosos, que se colocan detrás de los Budas a modo de aureola, y van destelleando sin cesar. Después de pasar por algunas casas rurales a las afueras, llegamos al Nee Paya, dónde en lo alto de unas larguísimas escaleras techadas está el pequeño monasterio, allí se puede ver al Buda de bambú lacado en dorado, que aunque cuenta con un enorme tamaño, es muy ligero… nos invitaron a un te verde, cacahuetes y garbanzos secos. Un buen tente-en-pié para el largo camino que nos esperaba.

Entonces sí! empezó el camino típicamente de montaña. Se muestran ante los ojos, en cuanto se colma cualquier montículo, las extensiones verdes,extensiones de te infinitas, los arrozales, el pasar apacible de la vida de montaña, la inmensidad del silencio, y los serpenteantes caminos fangosos de cobrizo intenso, que cortan las montañas! Sí! la Myanmar más verde!

Los bueyes, los niños montados en ellos, los carros, y la gente con sus canastos atados a la frente, se van cruzando en el camino. Nos dirigen miradas curiosas, sonrisas y su saludo más amable, y nos siguen hasta desaparecer tras nosotros; Somos, más atracción turística que las mismísimas pirámides.

Nicholas Bradt dijo, “al aterrizar en Rangoon hay que retrasar 30 minutos el reloj, y 30 años la historia”.

Al mediodía habíamos llegado a View Point, un hospedaje regentado por una familia Nepalí muy amable. Que vistas sobre el valle!

  • Comer: “Chapatí” (pan indio) relleno con un fruto entre verde y amarillo fosforito, que cocinado tiene sabor a patata dulce. “Chaí” delicioso te con leche i gengibre. Buenísimo!

Por la tarde visitamos el pueblo vecino, de etnia Palaung, Tayaw;  llevamos material para la escuela, eran 83 niños de entre 3 y 10 años, muy educados, y nos cantaron tres canciones a todo pulmón… seguro que se oía a 1 km de distancia!; después una anciana del pueblo, nos invitó a pasar a su casa para tomar te y bananas.

  • Casas: Construidas en bambú y el techo de palma trenzada (empieza a tomar fuerza, la chapa metálica, aunque es muy calurosa).
  • El interior: Una estancia diáfana o con un biombo para separar habitaciones (si en ella viven dos o más familias). Las camas son una pequeña alfombra en el suelo.
  • No falta nunca: Un termo con te verde, para tomar sentados en el centro de la casa.
  • Trabajo: Son campesinos, cultivan te y las mujeres mayores tejen, con pequeños telares manuales fabricados con cualquier cosa, los típicos “longuis”. Las etnias se diferencian por los colores que utilizan en ellos. (revista didáctica)

Volvimos al hospedaje, nos esperaba una ducha de agua fría en la balsa (con el longui puesto, claro!), y unos fried nuddles con pollo bien calientes! A esas horas apretaba el frío, y como calefacción e insecticida, las habitaciones están elevadas sobre unas brasas que a la vez que dan calor, cuando les ponen unas hojas, ahuyentan los bichitos. A primera hora de la mañana, es el momento de cocinar, en el fuego de suelo, todo el arroz que se utilizará durante el día, y de preparar el Chili (guindilla roja, ajos, y zumo de lima) como aderezo de todos los platos.

Nos despedimos de esa amable gente y proseguimos, atravesando montes y valles, pasando por pueblecitos de campesinos hasta Myin Daik Station. Cuando llevábamos un buen rato caminando por la vía, empecé a notar mucho mas las traviesas, y de repente… se me cayó media suela de las chirucas! por suerte quedaba poco trayecto hasta alcanzar la estación.

Increíble el despliegue de pasajeros, comerciantes, mercancías, bueyes, campesinos, sacos, flores, coles ajos, fruta, canastos, limones… y cuanto más se acercaba la hora del tren, más bullicio, más ajetreo, más nervios! estuvimos tomando un te con pastas en uno de los locales que rodean la estación, y fue fantástico, porque en cuanto el tren se detuvo, el ESPECTÁCULO EMPEZÓ!…

Por todas las ventanas del tren, entraban y sacaban mercancía, los vendeores ambulantes pasaban con sus canastos en la cabeza a fin de vender a los pasajeros algo para comer, mucho intercambio de dinero, los campesinos se encontraban con la familia o con los mercadistas para entregarles fardos y cajas que llevar a Mandalay, y cerca de la máquina la mercancía pesada, los bueyes que no querían subir! en fin, un centro comercial al aire libre de lo más pintoresco!

Jimmi encontró una zapatería en medio del pueblo, y me trajo el número más grande de chica (porque ellos son muy menuditos), de unas botas de lona y suela de goma que resultó ser pequeño, así que nada… con número de chico! les hizo reír un montón!

En la próxima entrada, andaremos hasta “la mine” Kyauk Lone, tendremos un encontronazo con un escarabajo pelotero gigante, y pasaremos la noche en el monasterio de Hti Thein.

Una de las costumbres más arraigadas, es la de mascar betel, como en oros muchos países asiáticos.