Los autobuses que hacen el trayecto de regreso de Machu Picchu a Aguas Calientes, salen cada 10 minutos desde la puerta de entrada… (sí!, sí!, allí dónde por una agua de 100 ml te cobran 8 soles!, repito… 8 soles! ya se sabe, la ley de la oferta y la demanda.)

Eran casi las 4 y media de la tarde cuando estabamos bajando hacia Aguas Calientes, nos sorprendió la cantidad de mosquitos que salen a recibir a los visitantes, e hincharles las piernas y los brazos… son muy pequeños, no hacen ruido, pero cuando te das cuenta, te han dejado unas ampollas que duelen como demonios!.

  • Imprescindible repelente anti mosquitos, con alta concentración de Deet.

Nos dimos una vueltita por el anchísimo mercado que se encuentra al lado de la vía (… bueno, en Aguas, ¿qué no está al lado de la vía? jejeje), y bajamos a Ollanta en el último tren, el de las 18:30. Queríamos llegar a Pisac esa misma noche y hospedarnos allí, ya que los domingos es el día de su famoso y concurrido mercado; así que regateamos con los taxistas que se aposataban en la puerta de salida de la estación, al final un taxi nos ofreció llevarnos por 60 S. Era un hombre muy amable, aunque no hablaba mucho español, lo suyo era el Quechua; no quería llevarnos por menos, ya que nos explicó que esa carretera era un poco peligrosa, que a veces, se oían noticias sobre asaltos.

tintes para ropa, mercado de Pisac

 

Llegamos de noche, y en la Plaza de Armas los hoteles eran carísimos… nos indicaron un hostal,  en la cerretera pincipal, cerca de la estación de autobuses (no nos acordamos del nombre), a 25 S. habitación matrimonial, una ganga!. Lo lleva una familia bastante cordial.

Por la mañanita llegamos a lo alto de Pisac, ascendiendo por la empinada calle a la izquierda de la plaza, y nos distraímos observando la cantidad campesinos de las comunidades cercanas que descienden de las montañas para comercializar tanto sus productos agrícolas, como de artesanía. Su piel está tostada y cortada, fruto de la combinación del fuerte sol y los vientos andinos, que la agrietan como a la superficie de costra de las montañas. 

  • El “mercado indígena” agrupa multitud de culturas,  que exhiben vetimentas y curiosos sombreros, a cuál más colorista. 

trajes típicos, mercado de Pisac

Lo que más nos sorprendió fue la increíble cantidad de turistas que había, ya que, hasta este punto del viaje, prácicamente no habíamos visto ni uno. Tomamos zumo de naranja, y comimos en un restaurante situado en una callejuela paralela al bullicio, dónde los mercadistas se toman un descanso.

Por la tarde, barajábamos la posibildad de subirnos a un autobús para llegar a Cusco, pero el percal era importante, un hormigueo constante, una multitud con bártulos que habían pensado lo mismo.. :p , al final nos fuimos en taxi compartido con una pareja de Argentinos, muy divertidos.

Nos dirigimos directamente a San Blas a buscar hospedaje, y lo encontramos en “Los Andes de San Blas” por 60 S., muy correcto, y con Internet gratuito. Teníamos poco tiempo, solo medio día y nos dedicamos a recorrer todas las calles que rodean la enorme Plaza. 

Plaza de Armas, Cusco

Cusco alto, es precioso! todo lo que rodea el centro, sus calles empedradas, sus arcadas, sus agrupaciones de comercios… que si cirios, zapateros, imprentas, boticas, etc.

Lunes a medio día, regresábamos a Lima, pero eso os lo explico en la próxima entrada.