Llegamos a Atalaya al atardecer del jueves, despúes de 7h de navegación surcando el río Tambo; como el nivel del río era bajo, se debía ir oteando al frente e indicar al del motor, que dirección debía tomar para evitar los bancos de arena; el pequeño oteador, aguantó de forma increíble durante toda la travesía ese sol que abrasava!.

corriendo por la borda

Fue increible ver la multitud, que esperaba con el agua hasta las rodillas en el precario puerto-playa, la llegada de la pequeña lancha… todos corrían para cargarse los bultos de los pasajeros a la cabeza y ganar así unos soles de propina… cargaban también a la gente que no quería mojarse los pies. Una vez llegados a los chiringuitos:

– Disculpe señora, hay alguna lancha que vaya a Pucallpa?

– Ai mami, imposible! el río esta muy bajo y no lo intentará ninguna, hasta dentro de 2 ó 3 días.

Bueno, teniendo en cuenta que la travesía en lancha “demoraba” 2 días por el río… la alternativa para llegar a Pucallpa fue buscar una avioneta, pero debíamos esperar hasta el sábado, así que buscamos un hospedaje para pasar 2 noches, a poder ser, fresquitas;

  • Compañía aérea: North American, Float Plane Service S.A.C
  • Hospedajes: Hotel Brando (25 S. – habitación matrimonial, muy limpio y céntrico); también Hostal Atalaya (muy cerca del primero).

Todo un día en Atalaya nos fue muy bien para descansar, comer buen pescado en Ceviche (otro pescado en Ceviche), provar múltiples jugos, enormes jugos y a un precio súper barato en la esquinita de Cindy (Cuadra nº70, con Jirón Ene), y cambiar dinero, además, pateamos por todas sus calles tranquilamente, es una ciudad en la que da gusto estar; hay que decir que con el calor que hace, la gente aprobecha para desplazarse en motocarro, así que nosotros, cantábamos un poco.

calles de Atalaya

  • Cambio de divisas: “Banco de la Nación”, Plaza de armas; Atalaya ( a día 28/08/09) 1$=2,89 Sol.
  • Curiosidad: Si bien aquí la normativa de seguridad en locales comerciales, tiene especial atención para que los materiales sean ignífugos; en Atalaya se friega el suelo con QUEROSENO, para que brille… y no veas como resvala y cómo huele!.

Que ilusión cuando llegamos al moderno aeropuerto de Pucallpa, después de un corto trayecto por el aire, y allí ya nos esperaban nuestros amigos Joel y Edgar. (Hijo y hermano de nuestro guía… él nos esperaba en Bretaña, en la entrada de la reserva de Pacaya-Samiria). Pasamos el día visitando la ciudad, y su barrio más encantador: Yarinacocha (o Yarina para los amigos!), dónde se puede patear sin ningún problema, visitar su moderna catedral, y su plaza engalanada con árboles en forma de los animales de la zona.

  • Comer: en la laguna de Yarinacocha, “la cabañita”; comidas regionales y criollas.

Pucallpa es la última ciudad dónde llega la carretera, por lo tanto el transporte terrestre, más al norte, se extiende con toda su majestuidad la Selva Amazónica Peruana, así que para llegar a la aldea de Bretaña, nos teníamos que desplazar en lancha una vez más. Bajamos las laderas polvorientas del muelle para encontrar nuestro transporte, y entre “cargueros” ( rudos trabajadores, que transportan la carga a peso sobre sus hombros… como los costaleros en el libro “La catedral del Mar” ) nos acercamos a las enormes embarcaciones.

puerto particular de Pucallpa

– Permisito para entrar!!

Habían dos lanchas en ese puerto que debían zarpar al día siguiente, la Henry 2, y San.Miguel (sí! sí! como la cerveza… -Allí dónde va, triunfa! jeje); en principio, tardaban 3 días en llegar, pero demoró su salida 2 días más sin explicación alguna por parte de la tripulación y con engaños continuos sobre el día y la hora de su partida. En el “Henry 2”, pasamos 2 días esperando-desesperando… suerte de la compañía de Joel (la mejor), y de las interminables charlas con otros pasajeros, que nos ayudaron a tener una travesía agradable, teniendo en cuenta lo vergonzoso de la situación.

Aprovecho para denunciar las condiciones inhumanas, con las que la gente se ve obligada a viajar:

  • Capacidad para 87 pasajeros (número exacto de salva-vidas).
  • Íbamos “acomodados” alrededor de 200 personas con nuestras respectivas hamacas.
  • Disponíamos de 4 baños-ducha (se entiende por ducha, un grifo sobre el wáter) y una comida que era de subsitencia total.
  • Coste: 50 S. p.p. con mucho regateo y quejas por la demora.

… y pensar que hay gente que debe navegar en este tipo de lanchas, cada semana…200 hamacas en el Henry 2

A pesar de las condiciones, el trayecto fue de lo más tranquilo, íbamos atracando con curiosa maniobra en todos los pueblecitos dónde la población estaba preparada para embarcar sus pertenencias, y pasar cantando entre todas las hamacas para vender sus productos agrícolas, juanes, palometa, chupete de aguaje, o aguaje a secas, curichis, gaseosas, naranjas, cocona, coco, queque, chifles, cañita, huevos sancochados… por las tardes, en las orillas, veías a todos los niños practicar saltos imposibles en el agua…

Elías, y sus juegos malabares

Viajábamos también con Agustín (otro de los hermanos de César) y su nieto Elías… con el que tuvimos divertidísimas charlas sobre animales, entretenidos juegos malavares, y muchas, muchisi-si-sí-simas risas.

Atracamos en muchas aldeas de noche, pero me pude apuntar algun nombre: Pauyan, Juancito, Orellana, Tierra Blanca, Perucuau, Nuava York, Monte Bello… y entrando por el Puinahua (un atajo en el río Tapiche); Nueva Hermosura, San Carlos y finalmente Bretaña.

esperando las lanchas pacientemente

Una vez allí, conocimos a nuestro guía César (y ahora amigo! o “pata” como lo dicen ellos) y entramos en el Reserva de Pacaya para pasar 4 días increíbles y difíciles de explicar, por todo lo que vimos, sentimos, experimentamos, escuchamos… Su web es www.viajeselvaperu.com.   pero esto, será en la próxima entrada.